"La ciencia no es sólo cultura: es que sin la ciencia no habría cultura". Manuel Toharia, durante muchos años uno de los hombres del tiempo de televisión y actual director del Museo de las Ciencias de Valencia, abrió ayer la XXVIII Feria del Libro de Granada con una precisa reflexión sobre el papel de la ciencia no sólo en el bienestar del ser humano, sino sobre la capacidad de despertar la curiosidad y la imaginación. Con su pregón, titulado Ciencia y Literatura ¿enemigos o cómplices?, el popular divulgador científico inauguró la feria, que este año va dedicada, precisamente, al libro y la ciencia.
El recinto elegido en el último momento fue, precisamente, el Parque de las Ciencias de Granada después de que se descartara la lectura del pregón en el Corral del Carbón, como estaba inicialmente previsto, ante una posible amenaza de lluvia. Pese al cambio, el auditorio del parque estuve ayer lleno a rebosar.
El científico señaló en su pregón que el buen profesor científico no es aquel que ofrece respuestas sin más a una pregunta, sino el que guía al alumno a aprender por sí mismo, a hacerse más preguntas. "La ciencia no es un dogma establecido", dijo, "ni tampoco una religión".
Toharia quiso exponer en su conferencia que la literatura, el arte de despertar en los demás la imaginación y las emociones mediante la palabra escrita, y la ciencia no son cosas opuestas, sino complementaria. La diferencia, señaló, es que, mientras en literatura un mismo poema puede conmover a una persona y producir la carcajada en otra, con las mismas palabras, en la ciencia las palabras son exactas, no pueden inducir a interpretaciones individuales distintas.
"Para ello", señaló, "los científicos han tenido que inventarse un idioma nuevo: el matematiqués, con palabras como seno o coseno, que es otro tipo de idioma". No obstante, el buen científico es el que sabe hacerse entender. "El científico que no es capaz de explicar lo que hace a su portera, no sabe lo que está haciendo".
"La complicidad entre la literatura y la ciencia tiene su punto de encuentro cuando hay una transmisión al lector de un conocimiento", indicó. "Hacer de la ciencia la capacidad del ser humano de preguntarse cosas y obtener respuestas a veces".
Manuel Toharia señaló que para hacer literatura científica hay que utilizar los mismos trucos que utiliza la literatura normal: atraer al lector, emplear el sentido del humor, despertar en el él su imaginación. "Evitar el uso del matematiqués", dijo ironizando sobre el empleo de fórmulas matemáticas en los libros de divulgación.
El científico señaló que los problemas matemáticos pueden ser enfocados de otra forma para involucrar al lector y recordó un viejo libro de su infancia en que los problemas matemáticos para niños involucraban a personajes como supermán. "Uno de ellos decía: Un niño cae de un séptimo piso. Supermán, a tantos kilómetros de distancia, lo ve y vuela hacia él a tantos kilómetros por hora. ¿Podrá salvarlo de que se rompa la crisma? ¡Eso era divulgación científica!", exclamó.
"La literatura al servicio de la divulgación científica debe motivar más al lector que enseñarle directamente", resaltó. "Por eso creo que siempre ha habido permanentemente complicidad entre las artes y la ciencia, entre la literatura y la ciencia", concluyó.
En el acto, al que asistieron el delegado de la Consejería de Cultura, Pedro Benzal, el concejal de Cultura del Ayuntamiento, Juan García Montero y la responsable del área de Cultura de la Diputación, Asunción Pérez Cotarelo, sirvió también para que la comisión organizadora de la Feria del Libro entregara su premio al profesor Luis Castellón por el trabajo de recuperación del Museo de Ciencia que hizo en el Instituto Padre Suárez.
Castellón, que ejerció de profesor en ese centro durante muchos años explicó que las piezas del actual museo siempre estuvieron allí, pero descompuestas "como una partitura que se ha caído y se ha desperdigado por el suelo".
El catedrático recordó a sus alumnos, siempre adolescentes, y resaltó que es precisamente en esa edad cuando más predisposición tienen a aprender y sentir curiosidad por las cosas. También defendió la calidad en la enseñanza en el mundo actual. "Marañón decía que si se quiere conocer el nivel intelectual de un país, hay que analizar la enseñanza secundaria".
El profesor, ya retirado, recordó su infancia. "Los primeros instantes en la vida de uno lo marcan para siempre", dijo. "Franco pagó unas vacaciones forzosas de mi padre durante dos años. Cuando fue liberado, nací yo. Él daba clases en la habitación contigua. La comadrona le decía a mi madre que no gritase tanto porque si no, los niños se iban a asustar e irse de la clase. A mí no me echaron polvos de taco de pequeño: me echaban polvos de tiza".
Previamente a la entrega del premio, Asunción Cotarelo presentó el libro que la Diputación publica con motivo de la Feria del Libro, una edición facsímil de la obra Examen de las aguas medicinales que se hallan en el Reyno de Granada, de Juan Bautista Solsona, una obra que fue publicada en 1824 y que es un viaje del primer médico honorario de los reales ejércitos por la provincia de Granada analizando sus diferentes pueblos y las calidades de sus aguas y sus fuentes, muy famosas en aquella época.
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